Los avances de la ciencia no pueden evitar todavía que suframos periódicamente, y con más frecuencia en otoño e invierno, el molesto conjunto de síntomas que caracterizan al resfriado y la gripe (dolor de garganta, mucosidad, estornudos, lagrimeo, tos seca y fiebre junto con dolores de cabeza, en las articulaciones y en los músculos en el caso de la gripe).

LA ESTRATEGIA DE LA MEDICINA CONVENCIONAL: Las vacunas

No estamos en contra de las vacunas, por supuesto, pero, aunque las vacunas son eficaces para evitar que nos contagiemos de un determinado virus y, en el caso de que lo hagamos, ayudarnos a construir más rápidamente una defensa para combatirlo, no están diseñadas para combatir a los virus en general y reforzar nuestro sistema inmunitario.

Varios factores influyen a la hora de contraer o no una infección respiratoria. En primer lugar, hace falta entrar en contacto con el virus de la gripe o, en el caso del resfriado, con alguno de los 200 rinovirus conocidos. En caso de que entremos en contacto, el estado de nuestro sistema inmunitario será determinante a la hora de impedir o facilitar que los virus se multipliquen.

Y, en segundo lugar, son importantes las condiciones ambientales. Se ha dicho siempre que es necesario protegerse del frío, pero, aunque parezca increíble, hasta hace muy poco no se determinó científicamente que el frío favorece los resfriados y la gripe. Alumnos de medicina de la Universidad de Cardiff (Escocia) tuvieron que meter sus pies en agua a baja temperatura durante un rato cada día para comprobar si enfermaban más que sus compañeros con los pies calientes. El resultado fue que sí, que el frío resfría, seguramente porque provoca una bajada momentánea de las defensas.

La vía más frecuente de contagio son los virus que flotan en el aire tras ser expelidos por los enfermos al toser y estornudar. Como las gotas que se posan en manetas de puertas, pasamanos, mesas, sillas, toallas, dinero o teléfonos, la manera más eficaz de evitar la invasión vírica es lavarse las manos frecuentemente y mantenerlas siempre alejadas de nariz, ojos y boca.

En los ambientes interiores es útil evaporar aceites esenciales de eucalipto, tomillo y menta porque tienen propiedades antisépticas. Existen aparatos vaporizadores (o incluso humidificadores eléctricos) pero también se pueden echar dos o tres gotas del aceite esencial en un recipiente con agua recién hervida.

Todos entramos diariamente en contacto con diversos virus, a través de la respiración, pero también a través de las superficies y substancias con las que estamos en contacto. Por tanto, evitar que entremos en contacto con ellos es casi imposible.

El factor determinante a la hora de decidir que contraigamos el virus o no será el estado de nuestras defensas. Si nuestro sistema inmunológico está fuerte rechazará todo tipo de virus con los que entremos en contacto. Independientemente de que estos virus nos sean conocidos o desconocidos, nuestro organismo tiene la capacidad de activar mecanismos de reconocimiento de los nuevos virus y defenderse frente a ellos. Esto explica el hecho de que con el reciente “Corona virus” haya personas que han entrado en contacto con él y sean asintomáticas. Así de claro, nuestro sistema inmunológico es nuestra defensa más perfecta, más perfecta incluso que las vacunas, aunque a veces puedan ser necesarias.

Si nuestro sistema inmunológico está deprimido, es muy probable que recojamos todo tipo de virus con los que entremos en contacto. El estado de nuestro sistema inmunológico será el determinante a la hora de contagiarnos o no.

LA IMPORTANCIA DE LA DIETA

Como siempre decimos, la mejor manera de empezar a prevenir cualquier problema es seguir una dieta saludable. Esto ya lo decían los doctores de la antigüedad, como Hipócrates: “Que tu alimento sea tu medicina”.

La dieta saludable no sólo activará nuestras defensas, sino que además nos evitará muchos otros problemas de salud como el colesterol, la diabetes, las enfermedades coronarias o el cáncer.

Por ello, la mejor forma de protegernos de los virus es aumentar nuestras defensas activando eficazmente nuestro sistema inmune, y para ello, es necesario cuidar nuestros hábitos y nuestra alimentación. Se fortalece la inmunidad llevando una dieta equilibrada basada en alimentos frescos, rica en vitaminas A, B, C, D y E, junto a un aporte óptimo en minerales y oligoelementos, especialmente zinc y selenio, y siguiendo unos hábitos de vida saludables. Un sistema inmune fuerte reduce el riesgo de contagio de todo tipo de virus, también de los más agresivos.

Una dieta natural y variada, sin alimentos procesados y libre de tóxicos, rica en vegetales y frutas, verduras de hoja verde, legumbres, frutos secos, granos enteros y pobre en grasas saturadas activará nuestro sistema inmune.

Según Raúl Martínez, dietista y biólogo, “Los oligoelementos imprescindibles para obtener una buena inmunidad son el cobre, antioxidante que contribuye a que el cuerpo asimile y utilice el hierro, favoreciendo y estimulando respuestas inmunes antimicrobianas; el hierro, que desarrolla la capacidad de defensa de los glóbulos blancos; el selenio, potenciador de la actividad de las células de defensa, siendo esencial para conseguir una respuesta inmune correcta, tanto innata como adquirida; el zinc, que regula el sistema inmune, siendo decisivo para su correcto desarrollo y su funcionamiento; y el manganeso que garantiza la función normal del sistema inmune”.

Deberemos pues procurar consumir los alimentos naturales que contengan todos estos oligoelementos y vitaminas. La vitamina C se obtiene de ingerir a diario naranjas, kiwis, mangos y pimientos, que son alimentos con un gran aporte de vitamina C, entre otras cosas.

Otros nutrientes importantes son los minerales selenio y zinc. El primero es capaz de aumentar la producción de glóbulos blancos, que participan en la defensa contra los virus. El alimento más rico en selenio es la nuez de Brasil, pero los 70 mcg diarios necesarios se pueden obtener con una ración de pescado o incluyendo en la dieta huevos, cereales integrales y productos lácteos.

Recordemos siempre que, para que todas estas medidas resulten realmente efectivas, las porciones de proteína derivada de lácteos, huevos o pescado, habrán de ser siempre un porcentaje muy inferior al consumo de alimentos frescos de origen vegetal y cereales y harinas integrales.

 

El zinc es interesante pues tiene una actividad antivírica directa. Para garantizarse los 15 mg necesarios es una buena idea comer diariamente un puñado de semillas de calabaza, un trocito de queso curado y pan integral. Además, se encuentra en frutos secos, mariscos, legumbres, arroces integrales, etc…

El ajo y la cebolla crudos también tienen efecto antivírico y son reputados alimentos-medicina que no deben faltar. Por otra parte, los lactobacilos y bifidobacterias que se encuentran en el yogur y el kéfir ejercen un efecto beneficioso sobre el sistema inmunitario a través de la flora intestinal.

Los hongos shiitake, reishi y maitake son alimentos con prebióticos y nutrientes de gran interés, que, junto a la cúrcuma, nos aseguran un aporte de todos los oligoelementos y sustancias que refuerzan nuestras defensas.

La equinácea (Echinacea purpurea) es eficaz para prevenir los resfriados, según un estudio realizado por investigadores escoceses con más de 700 participantes que tomaron pastillas de extracto durante un mes. La investigación mostró que los resfriados se redujeron a la mitad de lo previsto.

Hacer ejercicio físico y dormir las horas suficientes todas las noches nos ayudarán también a fortalecer nuestra salud y nuestras defensas, sin duda.

FRENTE A LOS VIRUS; LAS SOLUCIONES NATURALES NOS PREVIENEN DE RECAÍDAS

Si pese a todas las precauciones se acaba pillando un resfriado o una gripe, aún se pueden hacer algunas cosas. Un dicho afirma que la gripe se cura en siete días si no se va al médico y en una semana si se va. Es cierto que en general lo único que realmente cura en estos casos es el tiempo, pero también lo es que algunos remedios consiguen en algunos casos acortar el proceso y reducir la intensidad de las molestias.

Los analgésicos y antipiréticos convencionales pueden ayudarnos con el efecto psicológico de “sentirnos mejor”, pero, en realidad, poco hacen por resolver el problema.

Con la vitamina C, los resultados son controvertidos. Aunque a algunas personas les va bien, otras no aprecian el beneficio. Más demostrado está el efecto del zinc, siempre que se tome en cuanto aparezcan las primeras molestias. Su acción es directa: debe dejarse que la pastilla se deshaga en la boca para que el tiempo de contacto entre el mineral y los virus que se han instalado en las mucosas sea el mayor posible. Una dosis de 12 mg cada 2 o 3 horas durante los tres primeros días puede conseguir que la duración del resfriado se reduzca a la mitad.

El tratamiento se completa con descanso, comidas ligeras y digestivas y un aumento en el consumo de líquidos que ayuden a limpiar las vías respiratorias. Puede tomarse agua, agua con miel, té con limón e infusiones de plantas medicinales, como el saúco, la verbena y el eucalipto.

Y también, como anunciábamos en el titular de nuestro artículo, pueden tratarse con la ayuda de los aceites esenciales.

 

 

EL TRATAMIENTO NATURAL CON ACEITES ESENCIALES

Los aceites esenciales actúan como verdaderos antibióticos naturales y, no sólo eso, hoy en día han abierto una puerta a la esperanza en el tratamiento de las bacterias y virus resistentes a los antibióticos convencionales.

Una de las bacterias resistentes más peligrosas en la actualidad es el SARM (Staphylococcus aureus, resistente a la meticilina), que puede resultar mortal. En el Klinicum Neuperlach de la ciudad de Munich en Alemania se han empleado con éxito los aceites esenciales en infecciones causadas por el SARM, sobre todo el aceite esencial de tomillo, pero también el de árbol de té, niaulí, madera de palo de rosa, orégano, manuka, corteza de canela y ajedrea. Hoy en día existen múltiples estudios que corroboran la eficacia de los aceites esenciales en casos de gérmenes multirresistentes.

Por ejemplo, en la Universidad de Sydney en Australia, se informa del uso de aceites esenciales en una infección ósea causada por SARM que apareció después de una intervención quirúrgica. Se empleó una mezcla de eucaliptus globulus, árbol de té, tomillo, clavo de olor y limón a partes iguales. La herida curó completamente en 21 días. En ningún momento se emplearon antibióticos.

Sin embargo, os instamos a que no cometáis el mismo error que la medicina tradicional ha cometido con los antibióticos de síntesis. Utilizar antibióticos cuando no son necesarios para combatir una infección es una solución tremendamente agresiva que debilita nuestras defensas y socava nuestra flora bacteriana intestinal.

Tenemos la idea de que los aceites esenciales, auténticos antibióticos naturales y no por ello menos efectivos, han de utilizarse con la misma sabiduría; es decir, de manera puntual frente a una infección o problema, nunca a diario o de manera preventiva porque podrían resultar tan contraproducentes como los antibióticos convencionales.

Creedme, bastan unas gotitas en un aceite vegetal portador para que actúen rápidamente. Con el beneficio, a largo plazo, de prevenir las futuras recaídas pues fortalecen nuestro sistema inmunológico de manera natural.

OS PROPONEMOS UNA SINERGIA para tratar gripes e infecciones de las vías respiratorias que podréis aplicar mediante un vaporizador o humidificador eléctrico.

 

Aroma Aromatherapy Diffuser Essential Oils

Y añadiremos al agua del vaporizador los aceites esenciales en la proporción siguiente:

3 gotas de AE de ravintsara

3 gotas de AE de saro

3 gotas de AE de limón

2 gotas de AE de laurel, sustituible por incienso.

En caso de dificultad para respirar, sustituiremos el AE de limón por el de eucalipto, que abre las vías respiratorias.

Ésta sería una propuesta de tratamiento que te aliviará sin duda. Además, si cada vez que te resfrías la utilizas, contribuirá a fortalecer tus defensas y actuará como medida preventiva acortando los tiempos de recuperación y evitando las recaídas.

OTRA PROPUESTA DIFERENTE. Esta otra sinergia la recomienda la “compañía del sentido” (https://www.compania-del-sentido.es/), uno de los blogs de aromaterapia más reputados de la red.

Para combatir la gripe, mezclar en un frasco de vidrio vacío:

Necesitaremos un aceite portador para hacer la mezcla, tal vez unas cucharadas de aceite de almendras, o de jojoba, que tienen muy poco aroma y son ligeros. Al aceite le añadiremos los siguientes aceites esenciales en la cantidad estipulada:

60 gotas de aceite esencial de Alcanfor (ravintsara)

40 gotas de aceite esencial de Eucalipto Radiata

20 gotas de aceite esencial de Laurel

40 gotas de aceite esencial de Abeto Negro

Posología: Aplicar 3 gotas de la siguiente mezcla en el tórax y en la parte superior de la espalda. Repetir 6 veces al día durante 2 o 3 días.

Esta sinergia la pueden utilizar adultos y niños de más de 6 años, pero deberán evitarla las mujeres embarazadas o en periodo de lactancia y los niños menores de 6 años.

En cualquier caso, siempre es posible experimentar con diferentes aceites esenciales y probar la combinación única que comprobemos que mejor nos va puesto que cada cual somos diferentes y tenemos metabolismos y constituciones diferentes.

LOS CINCO ACEITES ESENCIALES QUE COMBATEN EFICAZMENTE LOS RINOVIRUS SON:

-Es posible, utilizar estos aceites en forma de serum, es decir, agregados a un aceite vegetal portador y masajearnos con ellos los pies, el plexo solar y el pecho. Los aceites portadores más adecuados son los de almendras, jojoba y avellanas por su escaso olor y su ligereza.

-Pero también es posible utilizar un humidificador, un vaporizador, o, incluso un recipiente con agua que podamos disponer sobre el radiador para vaporizar los aceites en el ambiente.

-Y, por supuesto, es posible hacer vahos o fumigaciones con ellos. Para ello usaremos un par de gotas de cada aceite esencial agregadas a una cacerola con agua caliente. Nos cubriremos la cabeza con una toalla y respiraremos los vapores durante al menos 10 minutos, haciendo una pausa de 30 segundos cada 2/3 minutos.

El aceite esencial de Ravintsara, Cinnamomum camphora (que antes era conocido como Alcanfor) es el aceite antigripal por excelencia. Este aceite tiene importantes propiedades antivirales contra la influenza, el virus de la gripe. Además, el aceite esencial de Alcanfor refuerza de manera eficaz el sistema inmunitario al estimular las glándulas suprarrenales. Estas glándulas, cuando se ven sometidas a un estado de estrés, producen una gran cantidad de cortisol, una hormona capaz de inhibir, en cierta medida, el sistema inmunitario. Esto provoca un cansancio generalizado y que el sistema inmunitario se debilite. Por lo tanto, es importante estimular las glándulas suprarrenales y mantenerlas en forma para reforzar la inmunidad, lo que ayuda a luchar contra el virus y las infecciones que podrían aprovecharse del estado de fatiga gripal para instalarse.

El Alcanfor también tiene propiedades expectorantes y mucolíticas que fomentan la fluidificación y la expulsión de los mocos de la tráquea y los bronquios, lo que permite descongestionar las vías respiratorias. Esta propiedad es primordial si tenemos en cuenta que la gripe es, principalmente, una infección respiratoria.

Aceite de Limón: Gracias a sus propiedades antisépticas y regeneradoras ayuda a aumentar y fortalecer las defensas del organismo. Una posibilidad es agregar unas gotas a una cucharada de aceite de almendras y masajear la zona por encima del ombligo hasta que se absorba por completo.

Aceite de Cajeput: Este aceite actúa particularmente en el tracto respiratorio al facilitar la descongestión, su aroma fuerte y picante tiene propiedades expectorantes y ayuda a calmar la irritación de la mucosa nasal.

Aceite de Eucalipto Radiata: Tan sólo unas pocas gotas agregadas al agua de un recipiente que podamos colocar sobre el radiador (mejor si disponemos de un humidificador, pero tampoco es imprescindible) serán suficientes para humedecer el aire y hacer que el ambiente sea saludable, fresco y limpio. El eucalipto abre las vías respiratorias, ayudándonos a respirar, a la vez que descongestiona nuestros pulmones de mucosidad y flemas. Este aceite esencial es capaz de calmar los espasmos de los músculos respiratorios responsables del reflejo de la tos inhibiendo las contracciones provocadas por la acetilcolina en el músculo traqueal. Esto permite aliviar significativamente uno de los síntomas mayores de la gripe: la tos. De hecho, este aceite es una ayuda imprescindible en casi todo tipo de infecciones respiratorias. Además, este aceite es altamente compatible con el de ravintsara, con lo que refuerza la acción antiviral de éste y sus propiedades expectorantes y mucolíticas.

Aceite de tomillo y aceite de Eucalipto: Con estos aceites es interesante realizar vahos cubiertos con una toalla. Aunque, también, es posible vaporizarlos en la habitación y respirar el aire.

El aceite de tomillo tiene propiedades vigorizantes y estimulantes sobre las defensas inmunológicas del cuerpo y es ideal para tratar el dolor de garganta y ayudar a contrarrestar los síntomas de la gripe. El aceite de eucalipto, como decíamos, se considera un excelente remedio natural para el tratamiento de los trastornos respiratorios.

MEJOR TAMBIÉN CON MIEL

Una idea también interesante para mantenerse hidratado y que el problema se solucione más rápidamente es beber infusiones varias veces al día de tomillo y hierbas antisépticas a las que pondremos una cucharadita de miel. Si es posible que encontremos “Rocío de miel (honeydew honey en inglés) o miel de manuka” mejor, y si no, la miel convencional también nos irá muy bien pues la miel es una substancia con un efecto doble. Por un lado, es un probiótico que nos ayudará a recuperar la flora bacteriana saludable de nuestras mucosas y, por otro, es un antibiótico natural que fortalece nuestras defensas y nos ayuda a combatir los virus sin afectar a la salud de nuestra flora intestinal. Con lo cual, la recuperación del proceso es mucho más rápida.

Esperamos que este artículo os haya gustado y os sea de utilidad, en cualquier caso, recordad que nada en este artículo o sitio debe interpretarse como un consejo médico. Consultad a un profesional sanitario calificado si tenéis preguntas o inquietudes sobre vuestra salud.

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