Y por qué nos parece un conservante adecuado en cosmética natural.

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Mucho es lo que se está especulando últimamente acerca de este preservativo de síntesis que se obtiene a partir de los polifenoles de la pulpa y las semillas del pomelo.

El descrédito acerca de este preservativo procede de fuentes que tras analizar los extractos comerciales deducen que están contaminados, principalmente, de Benzethonium Chloride, que, según estas fuentes, es el verdadero responsable de la acción bactericida del extracto de semillas pomelo dado que este extracto puro y sin contaminar no tiene ningún efecto frente a mohos o bacterias.

En una entrada del blog sobre cosmética natural de Mar de Jabón esto queda muy claro:

https://mardejabon.wordpress.com/2020/07/19/extracto-de-semillas-de-pomelo

Sin embargo, nosotros en este artículo queremos ofrecer una perspectiva diferente.

Para empezar, queremos aclarar la composición exacta y real de este extracto y su proceso de sintetización.

Lógicamente, un extracto natural de semilla y pulpa de pomelo en etanol o glicerina, no tiene propiedades antibacterianas algunas. Pero, ¿es esto realmente lo que las principales marcas productoras de GSE (grapefruit seed extract, en inglés) nos venden?: No, no es esto.

Mountain Rose Herbs, uno de los proveedores más respetados y confiables de hierbas orgánicas, extractos y aceites esenciales, enumera la composición del GSE puro que venden (que probablemente sea de la marca Citricidal):

Ácido ascórbico- 3%

Glicerol- 36%

Difenol hidroxibenceno (compuesto cuaternario de pomelo bioflavinoide) – 58,5%

Metales pesados: no se detectó ninguno

Cloruro de benceltonio – Ninguno detectado

Hidroxibenzoato de metilo – Ninguno detectado

Hidroxibenzoato de propilo – Ninguno detectado

Triclosán- Ninguno detectado

Entonces, aunque el GSE aparece libre de otros contaminantes, se compone principalmente de difenol hidroxibenceno, un compuesto de síntesis que, en cualquier caso, no está clasificado como orgánico certificado en el sitio web de Mountain Rose Herbs.

Así pues, ¿dónde está el engaño? En su composición se especifica claramente que no se trata de un preservativo natural, aunque en su origen lo sea.

Para aclararlo, vamos a detallar el proceso de síntesis del extracto de semillas de pomelo.

El proceso de elaboración del extracto de semillas de pomelo:

1.-La pulpa y la semilla de pomelo se secan y se muelen hasta obtener un polvo fino. El polvo se disuelve en agua purificada y se destila para eliminar la fibra y la pectina.

2.-La suspensión destilada se seca por pulverización a bajas temperaturas formando un polvo de flavonoides concentrado. Este polvo concentrado se disuelve en glicerina vegetal y se calienta.

3.- Y aquí comienza la fase de síntesis: Se añaden cloruro de amonio de calidad alimentaria y ácido ascórbico (que, por si no lo sabías, es vitamina C de la misma que se puede adquirir en un suplemento vitamínico) y esta mezcla se calienta a presión. La cantidad de cloruro de amonio que queda en el GSE terminado es del 15-19%; la cantidad de ácido ascórbico restante es del 2,5-3,0%.

4.-La mezcla amoniacal se somete a conversión catalítica utilizando catalizadores naturales, que incluyen ácido clorhídrico y enzimas naturales. No queda ningún residuo de ácido clorhídrico después de la reacción. La suspensión se enfría, se filtra y se trata con luz ultravioleta.

Como podéis apreciar, este no es un proceso verdaderamente natural, ya que se trata con ácido clorhídrico y cloruro de amonio. Después de que ocurren todas las reacciones químicas, la composición final del extracto se compone de aproximadamente un 60% de difenol hidroxibenceno, una sustancia química clasificada como cloruro de amonio cuaternario, lo mismo que el cloruro de benceltonio. De hecho, es químicamente idéntico al cloruro de benceltonio.

Ésta es una posible razón por la que las pruebas de laboratorio han demostrado que el GSE está «contaminado» con cloruro de benceltonio: las pruebas del laboratorio, posiblemente, interpretaron erróneamente el difenol hidroxibenceno.

Para seguir con nuestra argumentación, queremos aclarar qué es un compuesto sintético o de síntesis, como es este el caso.

Según la RAE (Real Academia de la Lengua Española) se denomina síntesis al compendio de una cosa; a la creación de algo a partir de la unión de sus partes; y, en la química, al proceso que permite obtener un compuesto partiendo de sustancias que son más simples. La utilización más habitual del concepto se asocia al producto fabricado mediante mecanismos y técnicas industriales que permiten reproducir las características de una sustancia natural.

Así, por ejemplo, un compuesto puede tener un origen natural, como es éste el caso, pues partimos de pulpa y semillas de pomelo naturales, y, a partir de ahí, iniciarse un proceso de síntesis en un laboratorio que lo convertirá en un producto de síntesis.

Y es que, atendiendo a su origen, es posible clasificar toda la materia conocida en sustancias naturales y sustancias artificiales. Las sustancias naturales son aquellas que se encuentran comúnmente en la naturaleza, sean orgánicas o no, como es el caso de los minerales. Las sustancias artificiales o sintéticas son las creadas o elaboradas por el hombre, en fábricas, metalurgias o laboratorios, ya sean especies nuevas e inexistentes, o réplicas sintéticas de compuestos naturales, como pueden ser las resinas y telas sintéticas.

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Ni todo lo sintético es malo, ni todo lo natural es inocuo…

Imaginemos una sustancia química producida por alguna planta; por ejemplo, la vainillina, que es la esencia de la vainilla. La vainillina es natural y se puede extraer de las vainas de la planta, pero la demanda supera a la producción y por tanto las vainas de vainilla natural son muy caras. Sin embargo, en el supermercado podemos encontrar saborizantes de vainilla a un precio razonable, cuya esencia no es extraída de la fuente natural, sino sintetizada en el laboratorio, sencillamente porque es más barato prepararla que extraerla de la planta. Además, el impacto ambiental de hacerlo en el laboratorio es menor, ya que la sobreexplotación de las fuentes naturales es negativa para el medio ambiente. Ahora bien, ¿la vainilla artificial es peor que la natural?, ¿es mala? La respuesta es no. La molécula artificial es una copia de la natural (tampoco vamos a afirmar que sean idénticas porque se ha comprobado muchas veces con suplementos que las copias sintéticas no ofrecen la misma protección que los elementos naturales). Sin embargo, nuestra molécula copia de la vainilla tiene el mismo sabor, olor y posibles mismos efectos nocivos. Como la vainilla no es tóxica, esto significa que tendríamos que tomar de golpe varios frascos enteros de esencia de vainilla o comernos varios kilos de vainas de vainilla para que pidiéramos llegar a tener dolor de cabeza e irritación cutánea. Algo similar podría pasar con algo tan natural como el agua; si bebiéramos de golpe un garrafón de 20 litros de agua, terminaríamos seguramente en la sala de urgencias de algún hospital. Todo depende de la cantidad ingerida, es decir de la dosis.

La gente llamamos “químicos” a lo sintético, a lo dañino, a lo malo… La opinión pública acusa a las sustancias “químicas” como las culpables de que haya tantos pesticidas, enfermedades, comida envenenada, etc… pero la gente no pensamos a veces en las sustancias y mezclas que curan, alimentan, decoran, embellecen, nos visten o forman nuestras viviendas y enseres.

Y es que existe la química inteligente, que pretende imitar a la naturaleza con todos sus aciertos, aunque no es una tarea sencilla, y existe la química menos inteligente, a la que vamos a llamar química industrial. ¿Por qué? Porque consiste de esas vitaminas baratas de síntesis que más que favorecernos resultan contraproducentes, o de esos compuestos que intentan imitar a las sustancias naturales en grandes cantidades y que se convierten en sustancias tóxicas por su escasa biodisponibilidad. Ya debatimos sobre este tema en el artículo sobre la piedra de alumbre en el que hablábamos del problema de toxicidad de las pastas dentales enriquecidas con fluoruros de síntesis, y como, cuando se utilizaba el flúor biodisponible, que existe de manera natural pues está contenidos en muchos alimentos como, por ejemplo, el té verde; el problema desaparecía.

El problema con las sustancias químicas sintéticas es que son fabricadas, en muchos casos, principalmente a partir de productos derivados del petróleo que pueden ser contaminantes; bien porque alteran los procesos fisiológicos y los ecosistemas, o bien porque no se degradan adecuadamente. Y entonces tendemos a ver esta parte dañina de la química sin pensar en todas las cosas buenas de las que hoy disfrutamos gracias a su desarrollo.

No pensamos por ejemplo en lo complicado que sería vivir sin “preservativos o conservantes” porque por todas partes se están popularizando los alimentos frescos como fuente de salud. Pero, en nuestra sociedad actual, ¿es posible realmente prescindir de todos los alimentos que no son frescos, o es necesario a veces consumir alimentos que contienen preservativos?

Que sepáis que hasta las cajas de cereales integrales para el desayuno contienen preservativos, así como los panes o los zumos con la etiqueta de frescos del supermercado. La sopa de gazpacho fresco que ahora todos compramos envasada en tetra brik, las verduras para ensalada envasadas, etc, etc, etc… Y si decidimos, por tanto, comprar la lechuga totalmente fresca, contendrá restos de pesticidas a no ser que sea de agricultura ecológica, en cuyo caso, también habremos de lavarla muy bien porque contendrá restos de gusanos, babosas y larvas.

Pero esa es otra cuestión. Es la cuestión por la cual hemos iniciado este debate. La batalla, como siempre, estará en utilizar los menos preservativos necesarios y en que estos sean lo más naturales y beneficiosos posibles.

Y, en cosmética natural, que es el tema que nos ocupa en este blog. Ciertamente, podemos preparar cremas basadas en aceites y emulsionantes naturales como la cera de abejas que no necesitan de preservativos de ningún tipo, pero, ¿es siempre posible prescindir de las cremas y lociones más ligeras e hidratantes con fase acuosa que necesitan de conservación, de los geles de aloe vera comerciales, que llevan preservativos, o, de los maravillosos jabones naturales saponificados en frío y elaborados con sosa cáustica, que es otra sustancia sintética?

O, como se ha evidenciado ahora con la pandemia de Covid 19, ¿podemos sobrevivir todos a la pandemia sin necesidad de ponernos una vacuna (otro compuesto sintético) y reforzando tan sólo nuestras defensas con alimentación natural y ejercicio? Se trata de otra cuestión muy polémica en el mundo de la medicina natural y la naturopatía.

Todo es químico. ¿Qué somos nosotros, los músculos, el ADN, las proteínas, las uñas, el cabello? Sustancias y mezclas químicas. El punto es que hay química más inteligente, y la química de la naturaleza contiene una gran sabiduría, y hay química menos inteligente.

Creemos que, en el interés de todos, de lo que se trata es de utilizar cada día aditivos y conservantes alimentarios menos nocivos y más biodegradables, medicamentos más naturales e integrales, y preservativos cosméticos cada vez mejores.

Y éste el punto con el GSE que, como sabemos, es un compuesto de síntesis pero que puede ingerirse y que muchos naturópatas utilizan para tratar infecciones internas sin sospechas de toxicidad y tampoco de daños medioambientales como se detalla en la base de ingredientes cosméticos:

https://www.ewg.org/skindeep/ o en las publicaciones del departamento de Salud de Canada.

Health Canada. 2007. List of Prohibited and Restricted Cosmetic Ingredients. Canada’s Cosmetic Ingredient Hotlist. March 2007.

Por tanto, echemos un vistazo al difenol hidroxibenzona. ¿Por qué exactamente queremos evitarlo?

Según los estudios del Programa Nacional de Toxicología Estadounidense, no mostró evidencia de carcinogenicidad o alteración endocrina en un estudio de dos años en ratas y ratones. Sin embargo, este estudio mostró que los animales tratados con cloruro de benceltonio tenían una mayor inflamación en el cuerpo y una tasa de supervivencia ligeramente más baja que el grupo de control.

Nuestra opinión personal al respecto es que es bastante más seguro que otros conservantes.

Yo, por ejemplo, que sufro de dermatitis, no puedo tolerar otros conservantes usados tradicionalmente (y certificados ECOCERT) como el Cosgard o Geogard, que es lo mismo (INCI: Dehydroacetic Acid, Benzyl Alcohol) e, incluso, los aceites esenciales (y todos sabemos que son sustancias totalmente naturales), que, en muchos casos, pueden causar reactividad en las pieles sensibles.

En cambio, el GSE, junto con el Leucidal, son verdaderamente suaves sin dejar de cumplir con su función. Si tenéis una piel sensible y reactiva os recomendamos estos dos preservativos. Con las emulsiones suele funcionar mejor el Leucidal porque el GSE tiende a desestabilizarlas un poco. Pero, por ejemplo, para preservar el aloe natural o algunos otros aditivos líquidos, el GSE funciona especialmente bien.

A nivel casero, es posible elaborar tinturas conservantes a partir de resinas como la colofonia (o resina de pino) y la resina de benjuí, que son totalmente naturales y tienen muchas propiedades. Este tema de los conservantes en cosmética natural suele ser polémico, sin duda, pero es necesario conocer los conservantes y preservativos de los que podemos disponer de manera segura en cosmética natural casera y, por eso, estoy dispuesta a preparar una nueva entrada sobre conservantes.

Sin embargo, estamos totalmente de acuerdo en que siempre que no sea necesario utilizar un conservante, dado que todos son más o menos sintéticos a excepción de los aceites esenciales, que, por otra parte, también son susceptibles de causar reactividad, nos ahorraremos muchos problemas.

Y creo que en este blog de cosmética “slow” (casi incluso ayurvédica) hacemos gala de recetas y formulaciones minimalistas, que muchas veces ni siquiera necesitan de conservantes en absoluto.

Y así estamos decididos a seguir, haciendo cosmética casera lo más natural posible.

 

 

 

 

 

 

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